Esta semana viví una experiencia que combinó música, comunidad y conocimiento: el festival Rototom Sunsplash. Aunque muchos lo conocen por sus conciertos de reggae, lo que realmente lo hace especial es su espíritu de encuentro, reflexión y aprendizaje. Entre las muchas actividades que disfruté, hubo una charla que me dejó pensando profundamente: “Inteligencia Artificial: Expectativas vs Realidad”, impartida por Andrea García-Tejedor.
La IA no es magia: es datos
Uno de los mensajes más potentes de Andrea fue sobre la importancia de los datos en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. No basta con tener muchos datos, deben ser limpios, diversos y representativos.
Imaginemos que entrenamos un modelo para diagnosticar enfermedades usando solo datos de un tipo de dispositivo médico, de una sola marca, y de una población muy específica. ¿Qué pasa cuando ese modelo se aplica en un hospital con otros equipos y pacientes distintos? El resultado puede ser un fracaso.
Y esto no solo ocurre en el ámbito médico. Pensemos en algo tan cotidiano como una app de recetas. Si se entrena solo con ingredientes y platos típicos de una región, cuando alguien de otro país la usa, puede recibir sugerencias imposibles de preparar o que no se ajustan a sus gustos. La IA necesita ver el mundo en toda su amplitud para poder entenderlo, ya sea para salvar vidas o simplemente para ayudar a preparar una cena.
Cuando los datos no se pueden compartir: Aprendizaje Federado
Pero, ¿qué pasa cuando los datos que necesitamos son confidenciales? Por ejemplo, historiales médicos o información personal. Aquí entra en juego una técnica fascinante: el aprendizaje federado.
En lugar de centralizar todos los datos en un solo lugar, el modelo se entrena localmente en múltiples ubicaciones (por ejemplo, hospitales), y luego se combinan los resultados. Así, los datos nunca salen de su origen, pero el modelo aprende de todos ellos. Este enfoque:
- Protege la privacidad.
- Reduce riesgos de seguridad.
- Aprovecha el cómputo distribuido.
- Facilita el cumplimiento de normativas como el GDPR.
Este mismo principio se aplica en herramientas que usamos todos los días. Por ejemplo, los teclados predictivos de nuestros móviles aprenden de cómo escribimos, pero sin enviar nuestros mensajes. El modelo se entrena localmente en cada dispositivo, y luego se mejora globalmente sin comprometer nuestra privacidad. Es una forma elegante de respetar la confidencialidad sin renunciar a la inteligencia.
La IA también necesita nuestro conocimiento
Otro punto que me pareció clave: no siempre hay que entrenar modelos desde cero. Si ya tenemos años de experiencia, investigaciones, datos validados… ¿por qué no compartir ese conocimiento con la IA?
Es como enseñarle a alguien nuevo en el equipo: no lo dejamos solo con manuales, le contamos lo que ya sabemos, lo que hemos aprendido con la práctica. Lo mismo debería aplicarse a los modelos de IA.
Del Rototom al CERN: IA para salvar vidas
La charla también me hizo pensar en cómo instituciones como el CERN están usando IA de forma intensiva. No solo para analizar colisiones de partículas y buscar nuevas dimensiones de la física, sino también para detectar y delinear tumores cerebrales.
La IA está ayudando a salvar vidas, optimizar diagnósticos y encontrar patrones que los humanos no podríamos ver a simple vista. Y todo esto, gracias a datos bien utilizados, técnicas como el aprendizaje federado, y el conocimiento acumulado que decidimos compartir.
Pero no hace falta ir al CERN para ver el impacto. En el mundo del deporte, por ejemplo, los equipos de fútbol utilizan IA para analizar el rendimiento de los jugadores, prevenir lesiones y mejorar estrategias. Sensores en los entrenamientos y algoritmos inteligentes permiten tomar decisiones tácticas más precisas y personalizadas. La IA está presente tanto en los laboratorios como en los estadios.
La inteligencia artificial no es una caja negra mágica (como lo dijo Andrea en su sesión), es una herramienta poderosa que necesita datos diversos, técnicas responsables y, sobre todo, nuestra experiencia.
Quiero cerrar este artículo con un agradecimiento sincero. A Andrea García-Tejedor, por compartir su conocimiento con tanta claridad, pasión y generosidad. Su charla no solo me enseñó, me inspiró. Y al festival Rototom Sunsplash, por crear un espacio donde la música y el pensamiento se abrazan, donde uno puede bailar, aprender y crecer al mismo tiempo. Gracias por recordarnos que el reggae también se piensa, se siente y se transforma.
Y si te preguntas qué es exactamente el Rototom Sunsplash, aquí te dejo un poco de contexto para entender por qué este festival es tan especial.
El Rototom Sunsplash es mucho más que un festival de música reggae. Nacido en Italia en 1994 y trasladado a Benicàssim (España) en 2010, se ha convertido en uno de los encuentros culturales más importantes de Europa en torno al reggae y la conciencia social. Durante una semana, miles de personas de todo el mundo se reúnen no solo para disfrutar de conciertos, sino para participar en charlas, talleres, actividades familiares, debates sobre derechos humanos, ecología, espiritualidad y tecnología. Es un espacio donde la música sirve como puente para el diálogo, el aprendizaje y la transformación colectiva. En Rototom, el reggae no es solo ritmo: es reflexión, comunidad y acción.
Si te pica la curiosidad y quieres conocer más sobre la historia y el espíritu del Rototom, te dejo https://rototomsunsplash.com/ donde puedes explorar todo lo que hace único a este festival.
Comentarios
Publicar un comentario